3 de junio de 2014

¿Cómo formo a mis alumnos para trabajos que aún no existen?

En la actualidad se pretende que con menos recursos (aumento de la ratio, menor presupuesto disponible de los centros, etc.) no solo se alcancen los objetivos, sino que se logre una mejora del proceso enseñanza-aprendizaje. Aquí es donde entraría en juego el término innovación, cuyo objetivo consiste también en lograr un mayor rendimiento, conseguir mejores resultados (Fidalgo, 2007). Es evidente que en el actual marco de recortes la innovación educativa se hace más necesaria que nunca y se presenta como una posible salida a la actual situación de la educación.
Rivas (2000) señala un aspecto muy importante y es que la innovación por la innovación, el cambio por el cambio, carecen de justificación. Ésta se halla en la mejora. Es decir, se debe innovar en tanto en cuanto esa innovación vaya enfocada a lograr una mejora en algún aspecto del proceso de enseñanza-aprendizaje o en la calidad de la educación o del sistema educativo.



Debemos tener en cuenta que nuestra innovación en el aula animará también a nuestros alumnos a tomar el protagonismo en el futuro, a innovar en sus futuros trabajos, a ser creativos y a no conformarse con lo tradicional; a buscar nuevas salidas a viejos problemas, a ser curiosos e implicados. Esto es lo que las distintas empresas están buscando, entre otros aspectos. Desde la consultora Hays (España) señalan que una de las 10 habilidades que se busca en los trabajadores es la capacidad de innovación, especialmente en puestos de trabajo relacionados con la investigación y el desarrollo; también son muy valorados otros aspectos relacionados con la capacidad de adaptación y la proactividad[1]. Es necesario que se desarrolle esta misma proactividad en aquellos alumnos que en el futuro sean emprendedores. En la última década se han generado una serie de nuevos trabajos que antes no existían, y todo parece indicar que esta dinámica va a continuar en los próximos años. Esto nos lleva a reflexionar sobre las necesidades de nuestros alumnos: ¿Cómo educamos a nuestros alumnos para un futuro incierto? ¿Qué contenidos y destrezas les ayudarán más a la hora de desenvolverse en su trabajo (un trabajo que probablemente aún no exista) en el futuro? ¿Cómo prepararlos para lo desconocido?

Una de las soluciones más obvias es fomentar que se conviertan en personas creativas e innovadoras con sed de aprender porque son estas características las que probablemente les sean más útiles en el futuro. La balanza se inclinaría más bien hacia las destrezas, hacia las competencias que no hacia los conceptos aprendidos de memoria. También debemos tener en cuenta que la función principal de la enseñanza es ofrecer un conjunto rico de experiencias que promuevan la exploración de las propias concepciones sobre uno mismo y sobre el mundo y la construcción de otras más complejas y evolucionadas.
Stoll & Fink (1999) afirman que el 50% de lo que un alumno que cursa hoy en día en primaria necesitará para interpretar el mundo dentro de diez años, todavía no se ha creado. Es por ello que muchos conocimientos tienen fecha de caducidad y deben reciclarse permanentemente mientras que las estrategias que permiten seleccionar la información, contrastarla y analizarla de forma crítica para poder transformarla en conocimiento les servirán en todo momento.



Utilizar la investigación como estrategia didáctica, tal como proponen muchos autores, es la clave para comenzar a trabajar y a comprender el mundo de una forma transversal, no compartimentada, y donde existen cuestiones susceptibles de investigarse y no ver el mundo como un universo estático donde todo está ya descubierto. Además este enfoque más práctico donde el alumno participa activamente influiría positivamente en la motivación.
Cabe destacar que encontrándonos como nos encontramos en la era de la comunicación ha perdido el sentido memorizar datos que se pueden conseguir al instante a través de, por ejemplo, los dispositivos móviles. En este punto convendría también reflexionar sobre la necesidad de renovar el e-learning y pasar al m-learning, en este caso basado en los dispositivos móviles como apoyo para desarrollar las unidades didácticas en el aula (Cobo & Moravec, 2011).




[1] Que los empleados sean capaces de tomar la iniciativa en un equipo de trabajo desarrollando proyectos creativos y asumir las responsabilidades que estos implican.